Blog sobre Ángeles Marco, por María Silvestre

viernes, 30 de junio de 2017

Inauguración "De la Dialéctica Formal al Yo Soy, 1974-1992", EspaiVisor, Valencia

 

Román De La Calle y el galerísta Mira Bernabeu conversando horas antes de la inauguración,
 en la galería Espai Visor frente a la obra de Ángeles Marco

 













viernes, 9 de junio de 2017

El email de la memoria de Elena del Rivero

 
Con motivo de la proxima exposición individual de la obra de Ángeles Marco, su querida amiga Elena del Rivero, escribió un email a los galerístas de EspaiVisor, Miriam y Mira, y también en "copia" a mi misma, y que con su permirso, comparto. Es un escrito emotivo, reivindicativo, que sólo una mujer, una amiga íntima y una artista como Elena del Rivero, apasionada, valiente e inteligente, puede escribir. 
Con todo mi cariño hacia ti, por seguir cuidando de la obra de mi madre, de su memoria y de mi. Te comparto y te tengo presente, ojalá pudieras estar en Valencia para ver en directo los frutos de este encuentro con EspaiVisor, que sin duda hubiera colmado de alegría a mi madre. Gracias a la galería Espai Visor por tomar de nuevo de la mano a Ángeles Marco y dotarle de nueva vida.

  Ángeles Marco en su taller a finales de los años 70.


New York City, June 6th, 2017 
Miriam querida y Mira querido, 
Esta noticia me llena de alegría por y su obra, por María y también por la amistad que me unió con ella. Finalmente me alegro por vosotros: Ángeles es una GRAN artista española. Una artista de gran valía obviada en su propio país, SHAME!

Os hago unas reflexiones que estoy segura os serán de interés. Pongo en copia a María pues sé que le interesa todo sobre su madre.

El texto de Román es perfecto, de gran académico que es y justo,  pero la obra de Ángeles necesita, desde mi punto de vista, algo más. No se habla de ningún artista de nota español (y cremé que para mí Ángeles estaba a la misma altura, sino más, de los más grandes, aunque, desgraciadamente, no tuviera los contactos que tuvieron muchos de ellos, sus apoyos y ella carecía de "atrevimiento social") como de la escuela de Madrid, por ejemplo. Ángeles Marco era mucho más universal que todo lo que se ha hablado de ella, y sus raíces no estaban intelectualmente solo en Valencia. Sí habla Román de "círculos biográficos, "huellas", de "pistas personales" de "teatralidad" pues el la conocía bien y fue su amigo pero, para mí,  había más. Su obra no era solo formalista.

Además del sufrimiento personal e íntimo del que no ha lugar hablar, su hundimiento después de la última instalación en una galería de Madrid a principios de los 90 la remató. La crítica tildó la muestra, creo que en El País, de "Gabinete del doctor Cagliari" o algo así y fue devastadora. A raíz de este acontecimiento los apoyos desaparecieron; estaba muy sola, nunca levantó ya cabeza. Ella resplandeció solo de la mano de Manolo Montenegro, galerista – no dealer - sin igual, atento y próximo al estudio del artista, persona maravillosa y que emanaba un respeto hacia el/la artista digno de admiración. A él le fascinaba como era Ángeles y sobre todo, su obra. Muchas veces nos reunimos en mi casa de Madrid con Manolo, en la calle Fernando VI, donde se quedaba Ángeles a dormir, y cerca de su galería para tomar un algo y charlar. Se podía ver la sintonía que tenían.  Ángeles irradiaba felicidad. Con su muerte todo cambió. Ángeles era difícil de vender, su trabajo no era domésticable, querían piezas pequeñas y así se lo pedían y ella no sabía nadar en estas aguas turbulentas con la ambición intelectual que tenía. Su sufrimiento, in crescendo, solo lo aireaba en privado como lo difícil que era ser escuchada como mujer artista: esto es muy importante. Sí había una preocupación terrible por los materiales, y yo aprendí mucho de ella, y sí fue ella, quizás, también de las primeras en utilizar el caucho y las formas blandas, las lonas en la escultura en España. Cuando ella dice "Yo soy -yo soy" hay, evidentemente,  algo más que mero lenguaje.

No sin razón alguien a quien indagué en la presentación de  "My friends and other animals" sobre que había hecho Valencia por ella, me contestó: Uy Elena pero era tan difícil y antipática! porque lo que se esperaba de una mujer artista, entonces, además de buena obra era ser "nice", si no al rinchi! castigada. Y si eras "nice" podías pasar hasta con obra mediocre, o no? Un varón artista lo podía ser todo y más. En su obra Ángeles también habla de este aislamiento, vértigo y abismo emocional.   Sí utilizaba ciertos paradigmas del arte conceptual y del minimalismo americano sobre todo, pues le interesaba mucho, pero su propuesta no era un simple minimalismo o conceptualismo, en absoluto. Eso sería abaratar intelectualmente su obra. Es semejante a cuando le preguntaron a Agnes Martin si era minimalista y contestó: "en absoluto, soy expresionista, porque pinto lo que veo por las ventanas de mi estudio en el desierto."

El intento de la exposición "My friends and other aninals" que organicé en Madrid en septiembre pasado para Travesía Cuatro, era precisamente, entre otros temas, situar la obra de Ángeles en un contexto más universal y ampliar la lectura de su obra al hacerla dialogar, por ejemplo, con la de Esther Ferrer, Janice Guy e incluso con Coplans que no son formalistas y todos amigos. Alguien que la conoció bien que vino por Travesía Cuatro en septiembre cuando se inauguró la muestra comentó que la obra de Ángeles cobraba otro valor por encima del sabido con la muestra de "My friends...". Era un pendiente que tenía con Ángeles quien me había pedido cuando estaba ya enferma, que cuidara de su obra.

También pienso que hubiera sido interesante,  dar crédito, en plan anglosajón, a cómo se trabó este acontecimiento que ahora nos ocupa. Nuestras conversaciones en NYC desayunando, y vosotros, al principio, reacios diciéndome que no podíais coger más artistas hasta que no se fuera uno. Y luego después de pensarlo, finalmente accediendo. Estas conversaciones no hubieran ocurrido sin Travesía Cuatro haber accedido a la muestra que les propuse y haberla apoyado económicamente también. Pues la había propuesto a otra galería con anterioridad y no me dieron el visto bueno para hacerla. El trabajo de Travesía Cuatro merece reconocimiento, es la comunidad la que agradece algo, circunstancias tan infrecuentes en la individualista España.

Para crear historia hay que echar mano de estos detalles, de cómo entre amigos se crea y cuecen cosas: porque añade valor histórico a lo que tenemos entremanos.  

También es curioso, a mi modo ver, como después de la muerte de Ángeles, es en Madrid, donde se ve su obra por primera vez en una galería comercial y en, Madrid, precisamente, habiendo transcurrido más de 30 años desde la última que hizo Ángeles con piezas que tú ahora presentas en Valencia por primera vez. Como te dije antes, yo propuse esta misma muestra de "My friends…" anteriormente sin éxito, y nadie habló de Ángeles en los años que trascurrieron desde entonces.   Yo creo que la historia de como suceden las cosas en lugar de restar, enriquece el discurso y suma. Los avatares de la vida son ventanas por las que se cuela también la historia de la crítica. En este caso que nos ocupa Travesía Cuatro ha sido intrumento importante en poner el punto sobre la “I” en este discurso. Se lo tenemos que agradecer en nombre de Ángeles. 

Dore Ashton  decía que la crítica debe estar inmersa en la literatura, en la filosofía, alusiones históricas, y experiencias personales… y los mejores artistas, también, son aquellos capaces de canalizar experiencias personales y condicionantes históricos de su época.

Gracias por haber tomado el hilo conductor.  Me alegra tanto que seáis vosotros y en Valencia. Sois la mejor galería para llevar a cabo este  trabajo minucioso que requiere este tipo de obra como la de Ángeles, Mira prestando tanta atención al detalle y el archivo, tan preciso y Miriam con su apoyo sigiloso y amoroso. Además para María es más sencillo todo cerca de casa: todo parece estar bien aspectado y estoy feliz. Al pensar en vosotros como casa que sois para la obra de Ángeles, pienso que ella hubiera sido feliz también vosotros como lo fue con Manolo Montenegro. ¡Ojalá llevéis su trabajo muy lejos y lo podamos celebrar juntos en Valencia con una paellita!

Os deseo un exitoso opening. Siento tanto no poder estar allí con vosotros. Gracias María, también a ti, por tu trabajo y por lo que he aprendido de ti en estos últimos tiempos sobre la vida.
 
Elena del Rivero
 
 

martes, 6 de junio de 2017

Ángeles Marco. De la Dialéctica Formal al Yo Soy, 1974 -1992

Exposición individual de la obra de Ángeles Marco es la Galería Espai Visor de Valencia.

 

INAUGURACIÓN / OPENING
9 DE JUNIO DE 2017,  de 20h a 22h
 

09 / 06 / 2017 -  15 / 09 / 2017

Ángeles Marco. De la Dialéctica Formal al Yo Soy, 1974 -1992

Ángeles Marco (Valencia, 1947-2008),
entre geometrías, recuerdos, proyectos, reflexiones y ausencias.


    

Soy consciente, ahora, de que estoy redactando este texto 25 años después de aquella muestra, habida en el Instituto Valenciano de Arte Moderno. Me vienen a la mente los trabajos del montaje, las discusiones apasionadas por la selección de cada pieza y su ubicación en los espacios apabullantes del antiguo Convento del Carmen --justamente allí donde ella había cursado sus estudios--, como histórica Escuela de Bellas Artes. Se cerraba así, simbólicamente, un círculo biográfico, a la vez que se consagraba operativamente otro de alcance profesional. Era la primera escultora, en su ámbito intergeneracional valenciano, que exponía, de forma individual, en aquel IVAM de doble sede, que hoy recordamos, en su polémico alcance diacrónico.
El lector se hará cargo, pues, de este particular contexto de rememoración, tan marcado, que condiciona y dirige mi escritura, al ir revisando las piezas que conforman esta importante exposición actual de Ángeles Marco, centrada precisamente en el conjunto referencial de cuatro amplias series, fechadas a caballo entre 1974 y 1992, de las cuales, en su taller, aún se hallaban algunas obras disponibles, guardadas por ella, en su fondo de trabajo y paralela colección. Casi, pues, un recorrido de veinte años de producción revisada. Una etapa conjunta, sumamente destacada de su trayectoria. En concreto se exponen trabajos pertenecientes a la Serie Modular (1974-1980), a la Serie El Tránsito & Salto al vacío (1987-89), a la Serie Suplemento (1990-1992) y a la Serie Presente / Instante (1991-92), que constituyen y de-muestran una consolidada depuración en sus trabajos escultóricos, constantemente reflexionados, revisados y complementados.
Sus series nunca se cerraban, ya que podía volver a retomar temas, contrastar materiales, avivar referencias, problemas e ideas --equidistantes, por lo común, de la cotidianidad--, pero llevados, casi siempre también, a sus últimas consecuencias, en su creciente reducción y radicalidad ejercitada. A veces surgidas / despertadas –sus obras-- por una reflexión, un contraste conceptual o un suceso, bien procedente del contexto inmediato o bien derivado, quizás, de una lectura específica o simplemente, incluso, de una conversación. Sin embargo, era la atmósfera del taller lo que activaba incisivamente la memoria de lo ya hecho y propiciaba, además, nuevos quehaceres y proyectos. De ahí surgió el título de la muestra del IVAM y también el de alguna monografía escrita sobre ella y su producción escultórica, que póstumamente le dediqué, como personal tributo y recuerdo (2013).

De hecho, la herencia constructiva, consolidada en su primera serie modular, ya siempre formó, de algún modo, parte de su posterior metodología creativa. Construir, apelando a la depuración minimalista, a la reducción de elementos y a la potenciación relacional entre ellos, siempre -- eso sí-- apelando además a la recurrencia conceptual y a la motivación asociativa. “No hay obra --mía / para mí-- sin pretexto y contexto”, repetía.
A partir de este camino, estrategia y método, tan singulares, podía depurar, reconstruir, conceptualizar y dar respuestas estéticas eficientes, al entramado de sus piezas, de acuerdo con sus propósitos narrativos y de escenificación calculados, atendiendo, en simultaneidad, a las exigencias de los propios materiales (hierros, cauchos, lonas, tejidos varios o negativos fotográficos), de cara a la creación / aprovechamiento de espacios y reubicación de objetos, potenciando marcos / ambientes adecuados para sus instalaciones y/o agenciándose escenografías para sus performances (paneles, cajas, carros, trípodes, monitores, vídeos, estampas originales y textos). Aunque, en el fondo, el motor de sus trabajos se arropaba siempre conceptualmente.

Podríamos rastrear, antropológicamente, en su diversificado quehacer escultórico, la presencia de un plexo estructural de ideas básicas –para ella-- como vacío, tránsito, identidad, olvido, ausencia, viaje, situación intersticial o de desequilibrio, pero también de andamiaje, de geometría secreta, de vigilancia, de huida, arropamiento y de rememoración. La auténtica prueba de fuego radicaba, siempre, en cómo versionar / trasladar estratégicamente tales inquietudes conceptuales a las obras, a la selección de los materiales que fuesen más adecuados, a la construcción / conformación concreta de la propuesta física y también, finalmente, a las condiciones exigibles a la instalación de la pieza. No concebía, de hecho, Ángeles Marco que se pudiera escindir / aislar la realidad de sus piezas de sus respectivos contextos, de sus génesis correspondientes y de sus finalidades. Cada obra mantenía activa su intrínseca memoria.

En sus exposiciones, apostaba / esperaba que el visitante, en su sagacidad personal, tras su sorpresa / desorientación inicial, hilvanara parsimoniosamente enlaces “entre” los diversos grados de protagonismo presencial, reservados cautelarmente a las ideas, dispositivos y elementos –formales / materiales-- constituyentes de sus obras. Tampoco dejaba nunca de reencontrarse --sugerida  e involucrada personalmente-- en sus propuestas. En realidad, más allá de la autoría exclusiva de sus piezas, dejaba voluntariamente que se filtrasen, en ellas --incluso de forma calculada-- sus imágenes preferidas, sus textos, sus huellas, determinadas pistas personales y sus voces e incluso su figura real (Serie Presente / Instante (1991-92) o su impactante Performance fílmica (1999-2001).

De esta guisa, experimental e incansable, en su explícita carrera hacia adelante, la escultura –teatralizándose entre sus manos--  incrementaba los intercambios dialógicos con la música y las palabras habladas,  con los videos y las fotografías, con los textos escritos y las secuencias cinematográficas. Acelerada vitalmente, siempre quería más y más, tras sus reflexiones visionarias y sus estrategias en abîme. Lo sé por experiencia.
Incluso, años después, tras los penosos intervalos de su enfermedad y el recurso a otras dedicaciones de alcance terapéutico, ya a mediados del 2005, volvió a citarme, encore une fois, en su taller, para que viera / compartiera las obras que iban a propiciar su “relanzamiento”, me dijo ilusionada.  A la vez, me pedía un texto de barandilla para aquella muestra, que tuvo lugar entre septiembre y octubre, de aquel año, en el Claustro de Segovia. El programa propiciado era prácticamente una selectiva relectura –transvisual-- de su propio itinerario. Quizás un balance selectivo, que rescataba y releía piezas emblemáticas de algunas de sus series, llevándolas, incluso, más allá de su origen, aunque las dimensiones de las obras se ceñían, más bien, en aquel caso, a sus actualizadas fuerzas físicas de entonces. A pesar de que la intensidad imperativa de su voz ya no era la misma, el brillo de sus ojos sí que se mantenía impertérrito.
El título de la muestra, como siempre, en ella, era sumamente elocuente y encerraba dobles lecturas, entre líneas: “Ángeles Marco. El último minuto”. Sin duda, lo tenía decidido de antemano. De nuevo, el reto, la sorpresa, el preanuncio, el guiño, la ambigüedad y hasta la esperanza tensa tenían allí cabida.

Sólo cuando, motivado por la amable invitación actual de Espaivisor, he necesitado releer de nuevo, ahora, con esfuerzo, mi texto final y reviso las imágenes de entonces, incluidos ambos –imágenes y texto-- en la escueta publicación de aquel 2005 --que guardo testimonialmente en mi archivo--, creo que entiendo, mejor que nunca, la fuerte polisemia y los múltiples alcances y sentidos que pueden encerrar las palabras escritas hace tiempo y en circunstancias especiales. Todo sea, pues, en homenaje directo a su memoria.

Por eso hablaba, al principio de esta reflexiones, de una asignatura pendiente: la de propiciar una muestra de las obras que permanecían, aún, recogidas en el taller de Ángeles Marco, al que siempre me referí como “el taller de la memoria”, porque todo parecía tener allí cabida. Una muestra que nos ayude a repensar, hoy, intergeneracionalmente, la historia de aquel renacer de la escultura valenciana de la transición, aunque sea de manera reductiva, de la mano de una de sus mejores y más destacadas representantes. Siempre pensé y sigo manteniendo que la memoria no sólo es depósito de recuerdos sino también eficaz palanca de proyectos.

Una última anécdota. Cuando estaba, precisamente, Ángeles Marco proyectando las más polémicas piezas de la Serie Salto al vacío, hacia finales de la década de los ochenta, una tarde, en su taller de la calle Museo, discutíamos, café en mano, sobre la presencia de la memoria, individual y colectiva en su obra y, por mi parte, esgrimí la argumentación del doble sentido, que cabe darle y que vengo de apuntar más arriba, añadiendo además lapidariamente: “la memoria, amiga Ángeles, no siempre salta hacia atrás, obsesionada en reajustar cuentas con el recuerdo, también, convertida en base de iniciativas, se atreve a saltar hacia el vacío de la aventura inexplorada y futura”. Puntos suspensivos…
Por eso, al iniciar el presente texto he querido homenajearla, como en secreto, oblicuamente, a través del esotérico título, ahora justificado en brevedad, en su contexto de antaño, encuadrado en una acertada decisión expositiva presente.

Valencia, junio, 2017.
Román de la Calle